Algo que llevo experimentando en mí y en algunos pacientes en los últimos años:
Aceptar no quiere decir encontrar bien hecho algo que tal vez está mal hecho. Aceptar quiere decir que yo vivo la realidad tal como en este momento se me presenta. Si yo ahora tengo un dolor, de un tipo u otro, ese dolor está ahí, es un hecho, yo acepto que ese dolor está ahí y aceptarlo quiere decir que lo vivo a fon-do, eso no quiere decir que me quede pasivo frente a ello. Lo vivo a fondo y desde mi fondo respondo si hay algún medio para ali-viarlo, pero desde el fondo. Primero se ha aceptado el hecho y luego viene la respuesta inteligente al hecho. En cambio lo habitual suele ser que si hay un dolor enseguida surge crispación, crispación física y mental y el intento de buscar una solución, huir o pro-testar. Con ello estoy impidiendo que yo viva a fondo la cosa.
Curiosamente cuando yo me abro a lo desagradable, del fondo surge una capacidad de respuesta y a veces de curación, que parece milagrosa. Por ejemplo, si haciendo algo os quemáis, en lugar de quejaros y salir corriendo a buscar algo que os alivie, os abrís realmente a la sensación de quemadura permitiendo que el fondo, todo él, perciba aquella quemadura instantáneamente, veréis que al cabo de un momento en que duele mucho desaparece el dolor e incluso muchas veces desaparece la ampolla que se forma y el dolor que dura. Es decir que hay una capacidad de respuesta curativa instantánea, a condición de que se haga inmediatamente. Lo ideal sería que uno ya estuviera abierto. Y lo mismo ocurre con dolores de tipo psicológico y dolores físicos.Es nuestra resistencia a ello lo que está impidiendo que funcionen nuestros recursos profundos.
Extraído del libro «Ser» de Antonio Blay.