En los últimos años, varios científicos han alzado su voz en contra de la vacuna contra el virus del papiloma humano (VPH), argumentando que los efectos secundarios asociados a la misma no han sido estudiados con suficiente profundidad. Según estos expertos, las reacciones adversas que han sido reportadas tras la administración de la vacuna generan preocupación, y consideran que no se dispone de suficientes pruebas científicas que avalen la seguridad a largo plazo de este tratamiento preventivo. La controversia también ha sido alimentada por la falta de datos que demuestren de manera contundente la eficacia de la vacuna en la prevención del cáncer de cuello uterino.
Otro de los puntos que generan debate es la edad temprana a la que se administra la vacuna, generalmente entre los 9 y 14 años. Los detractores sostienen que esta etapa del desarrollo aún es muy precoz para exponer a los niños y adolescentes a una intervención médica que, en su opinión, debería ser más investigada antes de ser aplicada de forma masiva. Esta preocupación ha llevado a algunos sectores a pedir que se revisen las políticas de vacunación actuales, en busca de un mayor respaldo científico y la implementación de estrategias que consideren más cuidadosamente los posibles riesgos y beneficios.